sábado, 16 de marzo de 2013

Como vivir en Colombia "Masacre de las Bananeras"


Solo quedaba esa tarde en la que el gobernador  no asistió al encuentro de los trabajadores, un tren que  arrojaba el espíritu de una “Colombia libre” al mar; Aquel olor a banano machacado empezó desde que el imperialismo norteamericano, entro  a su región  llamándose United Fruit Company,  la cual utilizando  estrategias de desarrollo, convenció  tanto a su pueblo que las inmigraciones fueron innumerables, aunque la zozobra continua de una posible rebelión de sus trabajadores fundamentada en las protestas desde los años 20 al 27 fueran creando la inconformidad en los proletarios. “¿Solamente 9 cuerpos Presidente Gaitán? Esta usted seguro de eso” Anunciaba la población civil que con sus ojos miro aquella tarde de sangre y olor a fruta fresca;  ¿El comienzo? Se preguntan  tarde en sus casas, mientras las lagrimas y la tristeza abundaba en ellas, En esa tarde del 5 de noviembre  ya se había perdido el color amarillo, no había color azul en el cielo, el blanco y negro del pliego de peticiones se había manchado con sangre de trabajadores, pues la sangre azul de los colonos había huido miles de kilómetros mar adentro, que queda de esa tarde, solamente queda de ellos  Raúl Eduardo  o los miles de cuerpos que llevaba el ferrocarril manejado por la UFC hacia el olvido del océano, no quedo más que cuerpos de niños, mujeres, trabajadores  tirados en el suelo, solamente una amenaza de fuerzas marinas americanas en la costa y una mentira del candidato a la presidencia Jorge Eliecer Gaitán.

Silencio se oyó esa noche que siguió el 5 de noviembre de 1928, un vacio en el poblado, el viento y el polvo era lo único que quedaba  entre las casas de madera y chamiza, el olor a sangre mezclado con la brisa del mar, y el banano  a cuestas de  su progenitor;  Cegados por sus nueve peticiones para un justo trabajo la Unión Sindical de trabajadores del Magdalena  siguió adelante con su idea de alcanzar una victoria política sin embargo  la amenaza de no cumplir la legislación colombiana la UFC se ve forzada a corromper ideologías de sus dirigentes Estatales convirtiendo así a los trabajadores  en un blanco para los fusiles del ejército colombiano.  Cortes Vargas fue asignado al conflicto en la estación de trenes  de aquel municipio olvidado para el estado y reconocido para el mundo, ese hombre fue el causante de la masacre de las bananeras como lo llamaron después en los periódicos; “No se sabe cuántos murieron ese día ni antes ni después pero se es seguro que fueron más de mil, pues todos los muertos fueron acomodados en el ferrocarril para tirarlos al mar” Aseguraba el Periódico el Espectador días después de la tragedia sucedida; El llanto de las aguas, el frio de la tierra, la tristeza de las frutas y el gocé de los hombres maestros de la barbarie son los jefes de las burlas y las soledades de miles de esposas que esa tarde perdieron a su concubino.

Los gritos a las 4:35 de la tarde  eran solo la excusa del silencio de las balas que atravesaban pechos, vestuarios, relojes de bolsillo, pañuelos, bolígrafos y todo lo que apareciera delante de ellos ahora donde  estaba Miguel Abadía Méndez, escondido en su sillón en la casa de Nariño se hacia el de los oídos sordos a los problemas que sufría el país  mientras los campesinos y lo obreros  enviaban ayudas económicas a los protestantes bananeros, el presidente se encargaba de enviar un general que acabara con todos ellos para no perder a ese aliado tan potente como era la multinacional de frutas la cual luego de su periodo de victoria está más preocupada por permanecer ilegalmente en tierras colombianas que estar  cuidando de sus trabajadores; El sonido de las ametralladoras, los fusiles, y el romper de los tejidos de la carne era lo único que se escuchaba. Los trenes, carros y demás juguetes de los niños pequeños estaban tirados en una esquina  manchados de sangre mientras sus dueños los abrazaban para tener valentía al despertar de ese sueño tan largo y  que sus abuelas que venían de Cartagena  los vieran como hombres  y mujeres  que alguna vez querían ser,  esa tarde no hubo piedad para nadie ni siquiera para ese niño que corría asustado mientras un soldado sonriendo le apuntaba por la espalda, apretando el gatillo callo su cuerpo al suelo y el osito de paja y tela que construyo su madre en su infancia caía al pantano de las botas de los adultos.

Nunca llego a ellos, el gobernador no apareció, los dejo morir, estaba ocupado tomando café con leche con su esposa, no tuvo tiempo para  ninguno de ellos pues esa tarde del 5 de noviembre de 1928 ya no había trabajador que estuviese vivo en esa estación, ni mujer, y ni siquiera niño solo cuerpos que estaba siendo montados indiscriminadamente uno sobre el otro en un tren que los arrojaría al Mar. Y ahí solamente quedaron los encabezados de los periódicos y los vestigios de lo que fue una protesta ¡Que Viva Colombia Libre! Y de nuevo el gatillo de un fusible se apretó.

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