sábado, 16 de marzo de 2013

Hilo de Tiempo


Aventuras en el parque, fiestas en las que se asistieron, Mujeres que por sus manos pasaron, un recorte de historias que  mostraban en su máximo esplendor la felicidad, el amor , la locura  y las tristezas; El aire cálido acariciaba sus mejillas y sus lagrimas mientras veía la imagen de su esposa  hace años atrás, aun así el compañero sentado a su lado lo miraba con sus ojos bajos mientras se consumía en un llanto lento de desamores, la música de aquel lugar no lograba distraerlos a ambos de su entretenido recordar. Hubo un momento en que los seres sentados sobre las sillas color café oscuro las cuales estaban ubicadas en medio del corredor de la entrada de un universo tan grande como el tiempo sus mentes se unieron y el recuerdo de una gran amistad volvió a ellos, un abrazo y un beso en la mejilla devolvió a sus cuerpos la vida que ya no tenía, una hermandad de años reapareció tan fuerte como las rocas y tan indispensable como el aire una hermandad no basada en sangre si no es historias y experiencias.
Sentados  enfrente de una fuente natural basta y grande como el mar en donde el agua al caer forma la armonía más grande del mundo donde las aves hacían sus nidos en primavera; reían a carcajadas de las travesuras hechas y seguían  discutiendo acerca de asuntos muy filosóficos, El Gran reloj estaba  a punto de marcar la llegada de la noche y sus rostros cambiaron por completo una cara arrugada, canosa aparecieron junto a una sonrisa que decía lo grande y poderosos que habían sido esos grandes amigos; La luz de la gran madre marco los ojos de uno y la imagen  de su esposa apareció de nuevo junto a él y lo llevo por un sendero de rosas y plata, dejándolo en medio de un gran portón de oro y sonriéndole a ella miro sus asientos  vio el cuerpo de su amigo mirando las estrellas y volvió tras él. Sentado en sus últimos segundos de felicidad alcanzo a ver una figura juvenil que se acercaba a él  y le incitaba a seguirlo, hubo un  momento en que sus piernas se reactivaron y las fuerzas una vez perdidas volvieron a él corrió con su mejor amigo. Entraron por la gran puerta de oro abrazados como dos infantes pequeños, reían a carcajadas así como cuando jugaban en su juventud.

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