Aventuras en el parque,
fiestas en las que se asistieron, Mujeres que por sus manos pasaron, un recorte
de historias que mostraban en su máximo
esplendor la felicidad, el amor , la locura
y las tristezas; El aire cálido acariciaba sus mejillas y sus lagrimas
mientras veía la imagen de su esposa
hace años atrás, aun así el compañero sentado a su lado lo miraba con
sus ojos bajos mientras se consumía en un llanto lento de desamores, la música
de aquel lugar no lograba distraerlos a ambos de su entretenido recordar. Hubo
un momento en que los seres sentados sobre las sillas color café oscuro las
cuales estaban ubicadas en medio del corredor de la entrada de un universo tan
grande como el tiempo sus mentes se unieron y el recuerdo de una gran amistad
volvió a ellos, un abrazo y un beso en la mejilla devolvió a sus cuerpos la
vida que ya no tenía, una hermandad de años reapareció tan fuerte como las
rocas y tan indispensable como el aire una hermandad no basada en sangre si no
es historias y experiencias.
Sentados enfrente de
una fuente natural basta y grande como el mar en donde el agua al caer forma la
armonía más grande del mundo donde las aves hacían sus nidos en primavera;
reían a carcajadas de las travesuras hechas y seguían discutiendo acerca de asuntos muy filosóficos,
El Gran reloj estaba a punto de marcar
la llegada de la noche y sus rostros cambiaron por completo una cara arrugada,
canosa aparecieron junto a una sonrisa que decía lo grande y poderosos que
habían sido esos grandes amigos; La luz de la gran madre marco los ojos de uno
y la imagen de su esposa apareció de
nuevo junto a él y lo llevo por un sendero de rosas y plata, dejándolo en medio
de un gran portón de oro y sonriéndole a ella miro sus asientos vio el cuerpo de su amigo mirando las
estrellas y volvió tras él. Sentado en sus últimos segundos de felicidad
alcanzo a ver una figura juvenil que se acercaba a él y le incitaba a seguirlo, hubo un momento en que sus piernas se reactivaron y
las fuerzas una vez perdidas volvieron a él corrió con su mejor amigo. Entraron
por la gran puerta de oro abrazados como dos infantes pequeños, reían a
carcajadas así como cuando jugaban en su juventud.
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