sábado, 16 de marzo de 2013

Proyecto 3


Salió de su casa luego de empacar sus maletas  y dejar atrás todas las historias que vivió alguna vez; Miró por decima vez su cama vacía, dejo sobre  la mesa la rosa negra y partió al sur, Cruzo por Colombia, Ayacucho y por Parque Berrío, su coche un Ford Fiesta modelo 2012 color naranja recién comprado sonaba al compas de las bocinas de las congestionadas calles de la autopista sur. El sol caía sobre las nubes como si fuera  un paisaje de Miguel Ángel y los recuerdos el peor castigo del hombre atormentaban su noble conciencia, los  penúltimos rayos del sol realzaban el color de sus ojos purpura, y el blandir de su cabellera negra se confundía con las lagrimas que soltaba mientras desesperada gritaba de dolor con la música a todo volumen dentro de su vehículo,  sintiendo que las alguna vez  montañas jamás habían sido tan altas. Emprendió vuelvo como una gaviota que surca los cielos en una armonía mágica de plumas y colores, cada minuto que pasaba en medio de la carretera era un tormento de palabras y deseos fingidos alguna vez; ni sus ojos , ni su cuerpo, ni lo que tanto le valió alguna vez tenia precio comparado con lo que buscaba ahora, Por un instante recordó su antiguo jefe y su ama de casa, sus tres apartamentos en el Poblado y su gran mansión de escape en Prado de donde había salido horas atrás; El trafico  retrasaba sus deseos de huir de Medellín, la ciudad de las primaveras que tanto espero pero nunca llegaron, y las ganas de regresar al encierro de tantas aquellas soledades que  vivió incrementaban con el sonido en su cabeza del tic toc del reloj.

Alcanzo a cruzar por Envigado, Itagüí y  con más ganas apretó el acelerador y el movimiento de las llantas negras color carbón  comenzaban a dejar marcas en la carretera, el marcador cruzaba mas allá de 80 kilómetros por hora, mientras coloreaba sus labios de color rojo carmesí  con una barra de labial tal vez de Victoria Secret su marca favorita, Recordó de nuevo el viaje a París y cuando diseño su primera prenda, esbozo una sonrisa pequeña y se dio cuenta que cruzaba por Caldas; un gran pueblo que parecía tan pequeño donde las sonrisas de sus habitantes estaba llena de fiesta y glotonería. Paso a toda prisa sus calles y entro en el viaje que tanto espero. La noche había llegado ya  y ahora le parecía que Santiago no estaba tan lejos de donde estaba, Se detuvo cuando el reloj marcaba las diez y cuarenta  en un   centro de comidas en Santa Barbará un poco sucio y maloliente pero el sabor del hambre  la tenia agobiada desde que partió. Con un vestido de media pierna, una gafas negras que cubrían los ojos llorosos y lastimados que tenia y una decoración única y hermosa en su rostro bajo del automóvil y camino como cual fuese una reina  extraviada en el extranjero fue entonces  que  una vez más recordó a Chile  y también  sus amores de callejón y sintió que todo lo que una vez creyó amar se oscurecía con la niebla del olvido y de la soledad.

Se dio cuenta que le dolía el destierro al que enviaba sus pensamientos vacios y solos  pero dejaba por unos segundos de mas  los buenos recuerdos mientras borraba su memoria por completo y borraba todo rastro de su vida pasada; Tanto dinero que una vez poseyó  lo había gastado en lujos y felicidades paganas; Como una gitana de feria sus movimientos grotescos y sensuales atrajeron a un chico de no más de veintiún años que se le acerco por la espalda  asechándola como un cazador.  Luego de sentir el mal sabor de la boca del joven volvió  hacia su auto cansado ya de viajar y  casi vomitando maldijo los labios febriles de aquel rubio de pueblo y riéndose a carcajadas hecho  con un golpe en el pecho al insistente joven, encendió su auto y se esfumo como el humo en medio de la ruta de viaje.
Atravesó miles de pueblos y casas de madera podrida, consumida por la infidelidad y la tristeza de los habitantes sin dejar de lado la pobreza a la que una vez estuvo sumida su línea de sangre y que con un poco de suerte ella logro escapar, en su viaje logro seducir el cuerpo de cientos de hombres que encontraba en la carretera, uno por uno fueron cayendo en las  dulces y delicadas manos de aquella sensual ermitaña que viajaba de aquí para allá. Con los días, los pueblos empezaron a reconocerla como la viajera, la madre de muchos hijos se decía entre palabras, sin embargo ni un solo ser humano salió de sus entrañas. Seguía besando hombres  sin importar de donde vinieran había desarrollado  un gusto y un sentimiento de calma al  besar; cruzo por Ecuador y se acercaba a la frontera de Perú había viajado tanto que su  antiguo vehículo estaba cansado de caminar sobre piedras y asfalto, su Ford Fiesta sucio, y manchado perdía su brillo y apagaba  las lagrimas de una mujer que huyo de la Soledad y el dolor; Parecía que su viaje se había convertido en una rutina, viajar de día, conquistar de noche, sonreía siempre que podía para ocultar su tristeza y malgastaba su fortuna bebiendo alcohol para olvidar simplemente lo que recordaba.

Su castigo se había convertido en aquel beso torturador que sintió aquella tarde de  lunes donde su más amado  ser, empalo su corazón con un beso traicionero  que perforo sus mejillas y la obligo a desaparecer; Casi no recordaba la fecha exacta en la que salió de Medellín y mucho menos  en la que salió de Colombia, sin embargo,  mientras ponía música a todo volumen en el largo recorrer de su viaje lloraba cada gota de agua de su cuerpo, los rayos de la luna y el sol se habían confundido entre  sus piernas, y el sabor a libertad que tanto sentía, aparecía amargo entre sus rojizos labios. Se acordaba que ya no era esa niña buena  y dulce que su madre crio con tanto esfuerzo, recordaba las tardes de juego con sus hermanos y  los placeres fingidos en sus orgasmos, su escape a su país de las maravillas como su cuento preferido y sus juegos sadomasoquistas con sus muchos novios. Sonreía ardientemente como un sol de primavera mientras las lagrimas caían en sus pechos, era irónica la forma en que vivió tantos años, sumida en un mundo completamente diferente al que una vez aprendió.

Las carreteras de Perú se habían convertido en polvo y era casi imposible determinar  hacia donde se dirigía, mientras cruzaba por la capital,  se vio atraída por un antiguo recuerdo; Volvió a vivir aquel encuentro con su mejor amiga luego de tantos años de distancia, veía de nuevo como aquella tarde brillaban las flores, las nubes y el par de sonrisas de dos amigas que al final terminarían con una lagrima y un vacio en su corazón. Sonrió por última vez con aquel recuerdo he intento eliminarlo para siempre de su corazón. Condenada con el dolor de la traición, continuaba su viaje con un par de esposas, que le ataban sus pensamientos al castigo del recuerdo; Cruzó pro catedrales, avenidas, museos, y grandes hoteles  y tras dos días de viaje  continuo, sintió el cansancio en su cuerpo y decidió dormir.

El sol salía alumbraba calles de la capital, los mercados iniciaban sus ventas y los gallos cantaban a todo vapor, un par de indigentes se acercaron al su vehículo a intentar robarlo, pero en un acto de valentía recordando como había sobrevivido a su infancia en Medellín  los enfrento y los ahuyento, se dispuso a encontrar un lugar donde alimentarse, pero sin la suerte de su lado o quizás por decencia no se quiso alimentar en la sucia y cultural capital. Sus huesos empezaban aparecer  sobre su piel, sus costillas enmarcadas tras sus flácidos senos ocultaban un latiente corazón  que veía a Santiago cada vez más cerca, olvidaba a los hombres que beso en el viaje y gruñía junto a su estomago por un poco de comida; Encendió su Ford Fiesta de nuevo  y siguió con su viaje, por alguna razón extraño su ciudad  de la montaña al ver tanta pobreza  en las calles y se sintió afortunada de  aun conservar  algo de dinero que  le permitiría llegar a la capital chilena y alimentarse un poco.

Las nubes grises  asomaban en el cielo, y convertían ese  paisaje de polvo en una armonía de la naturaleza, las montañas verdes y ruidosas despertaban la curiosidad y obligaban a los viajeros a visitarlas; Seguía su camino con  alimentando su estomago con su orgullo, seguía recordando lugares, fechas y horas, cada vez sus memorias iban más allá de donde las había vivido o de lo que tenía en la cabeza, extrañamente volvió a dibujarse en la carretera la figura de una niña vestida de rojo, con unos tacones amarillos un poco gastados, los cuales le quedaban un poco grandes para sus diminutos pies, y un par de aretes; mirándola fijamente y conectándose con esos diminutos ojos purpura y esa sonrisa de preocupación  la incito a detener el auto y correr hacia donde se encontraba la infante, sin embargo, su cuerpo no era capaz de alcanzarla así que decidió  volver a su automóvil y emprender viaje hacia donde se dirigía. Por un momento sintió que se mareaba pero con un movimiento brusco de la cabeza volvió a reaccionar y se encontró de nuevo en la carretera bajo el fulgor de una tormenta.

Cuando se dio cuenta se encontraba viajando por las calles de asfalto de Aricia en Chile, las montañas y unas pocas horas de viaje más la separaban de Santiago, sin embargo cruzando el poblado, recordó tal vez una de las ultimas cosas que esperaba ver en su viaje, volvió a  encontrarse con las calles de esmeralda del parque Lleras y las el color sangre de las rosas en su cama el día que le propusieron casarse, el recuerdo del mismo lunes  en que sus sospechas se habían vuelto ciertas. El Motor de  su Naranja vehículo empezó a debilitarse y llego a un momento en el que aun encendido, se detuvo y allí estaba de nuevo esa figura infantil que la miraba fijamente; Con  las fuerzas que aun poseía y que el hambre no había consumido, bajo del auto y empezó a caminar con intención de llegar a Santiago, las nubes grises aparecieron de nuevo y con truenos y relámpagos el cielo lloró y las rosas se secaron, cada recuerdo que le venía a la cabeza se iba desapareciendo con cada paso que daba, las voces en su cabeza  se esfumaban, las peleas las risas y las tristezas se iban solo el deseo de cumplir su sueño tenia posada en su memoria. Siguió caminando guida por la pequeña  que corría hacia el sur, las lagrimas de el cielo cayeron y la bañaron dejando su vestido empapado, y resbaladizo, sin embargo a pesar de sus tras pies siguió su camino.  Cuando la luna apareció en lo alto del cielo su cuerpo, cubierto de un manto de huesos cayó al suelo  y con una última mirada se dio cuenta que había caminado solo unos metros lejos de su vehículo, volvió su mirada hacia el sur y con una lagrima vacía  y cubierta de polvo sintió que algo se moría dentro de sí misma, al apagarse su Ford Fiesta, vio su ultimo recuerdo,  se transporto a la tarde en la sonrisa  que mentía la miro a los ojos y con palabras dulces conmovió su corazón; Se arrastro por el suelo otro par de metros y su cuerpo se quedo inmóvil al fin, ya no habría ningún recuerdo que la atormentara.


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