Salió de su casa luego de empacar sus maletas y dejar atrás todas las historias que vivió
alguna vez; Miró por decima vez su cama vacía, dejo sobre la mesa la rosa negra y partió al sur, Cruzo
por Colombia, Ayacucho y por Parque Berrío, su coche un Ford Fiesta modelo 2012
color naranja recién comprado sonaba al compas de las bocinas de las
congestionadas calles de la autopista sur. El sol caía sobre las nubes como si
fuera un paisaje de Miguel Ángel y los
recuerdos el peor castigo del hombre atormentaban su noble conciencia, los penúltimos rayos del sol realzaban el color
de sus ojos purpura, y el blandir de su cabellera negra se confundía con las
lagrimas que soltaba mientras desesperada gritaba de dolor con la música a todo
volumen dentro de su vehículo, sintiendo
que las alguna vez montañas jamás habían
sido tan altas. Emprendió vuelvo como una gaviota que surca los cielos en una
armonía mágica de plumas y colores, cada minuto que pasaba en medio de la
carretera era un tormento de palabras y deseos fingidos alguna vez; ni sus ojos
, ni su cuerpo, ni lo que tanto le valió alguna vez tenia precio comparado con
lo que buscaba ahora, Por un instante recordó su antiguo jefe y su ama de casa,
sus tres apartamentos en el Poblado y su gran mansión de escape en Prado de
donde había salido horas atrás; El trafico
retrasaba sus deseos de huir de Medellín, la ciudad de las primaveras
que tanto espero pero nunca llegaron, y las ganas de regresar al encierro de
tantas aquellas soledades que vivió
incrementaban con el sonido en su cabeza del tic toc del reloj.
Alcanzo a cruzar por Envigado, Itagüí y
con más ganas apretó el acelerador y el movimiento de las llantas negras
color carbón comenzaban a dejar marcas
en la carretera, el marcador cruzaba mas allá de 80 kilómetros por hora,
mientras coloreaba sus labios de color rojo carmesí con una barra de labial tal vez de Victoria
Secret su marca favorita, Recordó de nuevo el viaje a París y cuando diseño su
primera prenda, esbozo una sonrisa pequeña y se dio cuenta que cruzaba por
Caldas; un gran pueblo que parecía tan pequeño donde las sonrisas de sus
habitantes estaba llena de fiesta y glotonería. Paso a toda prisa sus calles y
entro en el viaje que tanto espero. La noche había llegado ya y ahora le parecía que Santiago no estaba tan
lejos de donde estaba, Se detuvo cuando el reloj marcaba las diez y cuarenta en un
centro de comidas en Santa Barbará un poco sucio y maloliente pero el
sabor del hambre la tenia agobiada desde
que partió. Con un vestido de media pierna, una gafas negras que cubrían los
ojos llorosos y lastimados que tenia y una decoración única y hermosa en su
rostro bajo del automóvil y camino como cual fuese una reina extraviada en el extranjero fue entonces que
una vez más recordó a Chile y
también sus amores de callejón y sintió
que todo lo que una vez creyó amar se oscurecía con la niebla del olvido y de
la soledad.
Se dio cuenta que le dolía el destierro al que enviaba sus pensamientos
vacios y solos pero dejaba por unos
segundos de mas los buenos recuerdos
mientras borraba su memoria por completo y borraba todo rastro de su vida
pasada; Tanto dinero que una vez poseyó lo había gastado en lujos y felicidades
paganas; Como una gitana de feria sus movimientos grotescos y sensuales
atrajeron a un chico de no más de veintiún años que se le acerco por la
espalda asechándola como un cazador. Luego de sentir el mal sabor de la boca del
joven volvió hacia su auto cansado ya de
viajar y casi vomitando maldijo los
labios febriles de aquel rubio de pueblo y riéndose a carcajadas hecho con un golpe en el pecho al insistente joven,
encendió su auto y se esfumo como el humo en medio de la ruta de viaje.
Atravesó miles de pueblos y casas de madera podrida, consumida por la
infidelidad y la tristeza de los habitantes sin dejar de lado la pobreza a la
que una vez estuvo sumida su línea de sangre y que con un poco de suerte ella
logro escapar, en su viaje logro seducir el cuerpo de cientos de hombres que
encontraba en la carretera, uno por uno fueron cayendo en las dulces y delicadas manos de aquella sensual
ermitaña que viajaba de aquí para allá. Con los días, los pueblos empezaron a
reconocerla como la viajera, la madre de muchos hijos se decía entre palabras,
sin embargo ni un solo ser humano salió de sus entrañas. Seguía besando
hombres sin importar de donde vinieran
había desarrollado un gusto y un
sentimiento de calma al besar; cruzo por
Ecuador y se acercaba a la frontera de Perú había viajado tanto que su antiguo vehículo estaba cansado de caminar
sobre piedras y asfalto, su Ford Fiesta sucio, y manchado perdía su brillo y
apagaba las lagrimas de una mujer que
huyo de la Soledad y el dolor; Parecía que su viaje se había convertido en una
rutina, viajar de día, conquistar de noche, sonreía siempre que podía para
ocultar su tristeza y malgastaba su fortuna bebiendo alcohol para olvidar
simplemente lo que recordaba.
Su castigo se había convertido en aquel beso torturador que sintió
aquella tarde de lunes donde su más
amado ser, empalo su corazón con un beso
traicionero que perforo sus mejillas y
la obligo a desaparecer; Casi no recordaba la fecha exacta en la que salió de Medellín
y mucho menos en la que salió de
Colombia, sin embargo, mientras ponía
música a todo volumen en el largo recorrer de su viaje lloraba cada gota de
agua de su cuerpo, los rayos de la luna y el sol se habían confundido
entre sus piernas, y el sabor a libertad
que tanto sentía, aparecía amargo entre sus rojizos labios. Se acordaba que ya
no era esa niña buena y dulce que su
madre crio con tanto esfuerzo, recordaba las tardes de juego con sus hermanos y los placeres fingidos en sus orgasmos, su escape
a su país de las maravillas como su cuento preferido y sus juegos
sadomasoquistas con sus muchos novios. Sonreía ardientemente como un sol de
primavera mientras las lagrimas caían en sus pechos, era irónica la forma en
que vivió tantos años, sumida en un mundo completamente diferente al que una
vez aprendió.
Las carreteras de Perú se habían convertido en polvo y era casi
imposible determinar hacia donde se
dirigía, mientras cruzaba por la capital,
se vio atraída por un antiguo recuerdo; Volvió a vivir aquel encuentro
con su mejor amiga luego de tantos años de distancia, veía de nuevo como
aquella tarde brillaban las flores, las nubes y el par de sonrisas de dos
amigas que al final terminarían con una lagrima y un vacio en su corazón.
Sonrió por última vez con aquel recuerdo he intento eliminarlo para siempre de
su corazón. Condenada con el dolor de la traición, continuaba su viaje con un
par de esposas, que le ataban sus pensamientos al castigo del recuerdo; Cruzó
pro catedrales, avenidas, museos, y grandes hoteles y tras dos días de viaje continuo, sintió el cansancio en su cuerpo y
decidió dormir.
El sol salía alumbraba calles de la capital, los mercados iniciaban sus
ventas y los gallos cantaban a todo vapor, un par de indigentes se acercaron al
su vehículo a intentar robarlo, pero en un acto de valentía recordando como
había sobrevivido a su infancia en Medellín
los enfrento y los ahuyento, se dispuso a encontrar un lugar donde
alimentarse, pero sin la suerte de su lado o quizás por decencia no se quiso
alimentar en la sucia y cultural capital. Sus huesos empezaban aparecer sobre su piel, sus costillas enmarcadas tras
sus flácidos senos ocultaban un latiente corazón que veía a Santiago cada vez más cerca,
olvidaba a los hombres que beso en el viaje y gruñía junto a su estomago por un
poco de comida; Encendió su Ford Fiesta de nuevo y siguió con su viaje, por alguna razón
extraño su ciudad de la montaña al ver
tanta pobreza en las calles y se sintió
afortunada de aun conservar algo de dinero que le permitiría llegar a la capital chilena y
alimentarse un poco.
Las nubes grises asomaban en el cielo,
y convertían ese paisaje de polvo en una
armonía de la naturaleza, las montañas verdes y ruidosas despertaban la
curiosidad y obligaban a los viajeros a visitarlas; Seguía su camino con alimentando su estomago con su orgullo,
seguía recordando lugares, fechas y horas, cada vez sus memorias iban más allá
de donde las había vivido o de lo que tenía en la cabeza, extrañamente volvió a
dibujarse en la carretera la figura de una niña vestida de rojo, con unos
tacones amarillos un poco gastados, los cuales le quedaban un poco grandes para
sus diminutos pies, y un par de aretes; mirándola fijamente y conectándose con
esos diminutos ojos purpura y esa sonrisa de preocupación la incito a detener el auto y correr hacia
donde se encontraba la infante, sin embargo, su cuerpo no era capaz de
alcanzarla así que decidió volver a su
automóvil y emprender viaje hacia donde se dirigía. Por un momento sintió que
se mareaba pero con un movimiento brusco de la cabeza volvió a reaccionar y se
encontró de nuevo en la carretera bajo el fulgor de una tormenta.
Cuando se dio cuenta se encontraba viajando por las calles de asfalto de
Aricia en Chile, las montañas y unas pocas horas de viaje más la separaban de
Santiago, sin embargo cruzando el poblado, recordó tal vez una de las ultimas
cosas que esperaba ver en su viaje, volvió a
encontrarse con las calles de esmeralda del parque Lleras y las el color
sangre de las rosas en su cama el día que le propusieron casarse, el recuerdo
del mismo lunes en que sus sospechas se
habían vuelto ciertas. El Motor de su
Naranja vehículo empezó a debilitarse y llego a un momento en el que aun
encendido, se detuvo y allí estaba de nuevo esa figura infantil que la miraba
fijamente; Con las fuerzas que aun
poseía y que el hambre no había consumido, bajo del auto y empezó a caminar con
intención de llegar a Santiago, las nubes grises aparecieron de nuevo y con
truenos y relámpagos el cielo lloró y las rosas se secaron, cada recuerdo que
le venía a la cabeza se iba desapareciendo con cada paso que daba, las voces en
su cabeza se esfumaban, las peleas las
risas y las tristezas se iban solo el deseo de cumplir su sueño tenia posada en
su memoria. Siguió caminando guida por la pequeña que corría hacia el sur, las lagrimas de el
cielo cayeron y la bañaron dejando su vestido empapado, y resbaladizo, sin
embargo a pesar de sus tras pies siguió su camino. Cuando la luna apareció en lo alto del cielo
su cuerpo, cubierto de un manto de huesos cayó al suelo y con una última mirada se dio cuenta que
había caminado solo unos metros lejos de su vehículo, volvió su mirada hacia el
sur y con una lagrima vacía y cubierta
de polvo sintió que algo se moría dentro de sí misma, al apagarse su Ford
Fiesta, vio su ultimo recuerdo, se
transporto a la tarde en la sonrisa que
mentía la miro a los ojos y con palabras dulces conmovió su corazón; Se
arrastro por el suelo otro par de metros y su cuerpo se quedo inmóvil al fin,
ya no habría ningún recuerdo que la atormentara.